FASES DEL PERITAJE


   El informe pericial psicológico, independientemente de quien lo encargue y el objetivo que se busque, se desarrolla a lo largo de unas fases comunes a todos los casos. Su puesta en marcha tendrá lugar una vez que se demanda la actuación del psicólogo/a por parte del Tribunal o de la parte interesada. De esta forma, estas fases se pueden describir de la siguiente manera:

     1. Solicitud y formulación del problema: esta es la fase de iniciación del caso, cuando se da el contacto entre el psicólogo/a con alguna de las partes o con el propio Tribunal y donde estos exponen su demanda respecto al caso. En este momento, el perito valora qué se le está solicitando y cuáles son los medios de los que cuenta, analiza la demanda para determinar la pertinencia o no de la misma y, en su caso, reorientarla. Seguidamente nos centraremos en la informaciones previas al caso, centrándonos fundamentalmente en: los hechos que configuran el caso; la fecha en la que se celebrará la vista o el juicio, que determinará si tenemos tiempo suficiente para realizar las actuaciones que precisa el peritaje dependiendo de su complejidad; los planteamientos hipotéticos que pueden surgir en torno al informe, dado que, en le caso de tener que ratificar el informe, tendremos que responder a las preguntas o repreguntas que las partes puedan hacer en cuanto a lo expuesto en nuestro informe; la disponibilidad y accesibilidad del sujeto peritado (sujetos difíciles de encontrar o no disponibles por circunstancias personales, estado físico o mental con limitaciones verbales o motoras); y, por último, si hay disponibilidad de informes complementarios (de tipo hospitalario, escolar, laboral, otras evaluaciones psicológicas previas,…).

     2. Organización de la información, preparación del expediente y evaluación del problema: El expediente pericial debe tener una adecuada preparación, siendo de suma importancia la recogida de información, organización de los datos obtenidos y la planificación del contenido de dicho expediente para que sea correcta la orientación seguida hasta las conclusiones que perseguimos. En nuestro expediente debemos incorporar todos los datos que podemos obtener en las diligencias en torno al caso. El sumario es una importante fuente de información, donde podemos encontrar informes, interrogatorios, declaraciones de acusados y testigos,… Tras este trabajo de documentación sobre el caso, comenzaremos un trabajo de primera exploración con las personas implicadas, realizando entrevistas individuales o grupales. En este momento llevaremos a cabo la entrevista al sujeto objeto del peritaje y recabaremos información sobre la observación conductual del mismo. Según Vázquez Mezquita (2007) “siempre es preferible observar antes a la víctima que al acusado. En casos de familias preferiremos el orden padres-hijos, excepto cuando estamos investigando un delito de los padres hacia los hijos, como malos tratos.” La misma autora nos advierte de que debemos hacernos a la idea de que “las personas tienen derecho a colaborar o no con el peritaje, aunque lo normal es que lo hagan pues no pierden nada por hacerlo, incluso pueden ganar en el sentido de ver su responsabilidad atenuada o las secuelas del delito o credibilidad del testimonio respaldadas por un informe técnico e imparcial. En todo momento será de suma importancia la adecuada organización de toda la información recogida para después volver a trabajar sobre ella, de tal modo que tendremos preparada y organizada toda la documentación inicial del peritaje y la información complementaria que hayamos obtenido, los informes o pruebas periciales efectuadas al sujeto por distintas instancias, si las hubiera, así como el conjunto de notas acumuladas en las entrevistas, como en las relaciones con abogados, autoridades judiciales, otros organismos, etc,…

     3. Formulación de hipótesis: en este momento estudiaremos toda la información recabada, centrándonos en aquella que es verificable y tiene relación directa con la demanda que se nos hizo. En base a esto, formularemos una hipótesis en función de los datos que hemos obtenido con anterioridad y, seguidamente, estudiaremos qué tipo de pruebas debemos utilizar en la evaluación del sujeto para poder confirmar nuestra hipótesis. No obstante, Buela-Casal (2010) resalta que “las hipótesis planteadas no deben limitarse a lo estrictamente solicitado en la demanda del peritaje, pues en muchos casos ésta se solicita de forma genérica, por ejemplo, “evalúese inteligencia y personalidad”. En realidad el perito debe evaluar todos los aspectos psicológicos y psicopatológicos que tienen relación con el caso”.

     4. Selección y aplicación de las pruebas: la selección de las pruebas que utilizaremos para verificar nuestras hipótesis (o volver a plantearlas en caso de que los resultados planteen dudas sobre las mismas), estará basada en dos aspectos fundamentales: el primero, tiene que ver con la propia naturaleza de las pruebas y técnicas empleadas, de tal forma que tienen que cumplir los criterios de fiabilidad, validez, eficacia y eficiencia. Si nuestro informe no se basara en pruebas fiables y válidas no se sostendría en su ratificación ni sería de ninguna utilidad. El segundo aspecto es el referido a que debe encajar en el contexto judicial de evaluación y circunscribirse a la pregunta planteada. Una vez seleccionadas, pasaremos a la aplicación de las pruebas, donde efectuaremos un registro preciso de la conducta del sujeto en base a la observación que de él realicemos y tendremos en cuenta aspectos como: las garantías científicas de las pruebas y su adecuada aplicación, que se apliquen de forma racional en función del tiempo, el lugar físico y la situación en la que se realice la evaluación y el hecho de que el sujeto tiene que estar en buenas condiciones para realizarla.

     5. Control de la simulación: Dado que el resultado de nuestra evaluación pericial puede resultar beneficioso o perjudicial para el sujeto evaluado, es posible que exista la intencionalidad de intentar falsear los resultados por parte del informado. De esta forma, puede estar motivado a mentir o simular la presencia o ausencia de determinados síntomas, físicos o psicológicos, en pro de conseguir un resultado favorable. Es por esto que el/la psicólogo/a debe tener en cuenta siempre una posible simulación por parte del sujeto y extremar las medidas para detectarla. Algunas de esas medidas tienen que ver con la psicofisiolgía forense (menos usadas en nuestro país), el análisis de la veracidad de las declaraciones, el análisis de la coherencia del os trastornos descritos y síntomas, las escalas de sinceridad de algunas pruebas psicológicas, la aplicación cruzada de pruebas, aplicación de pruebas paralelas, de las mismas pruebas con un intervalo de tiempo considerable (test-retest).

     6. Análisis de los resultados: Lo primero ha tener en cuenta en esta fase es si el análisis de los resultados de las distintas pruebas son coherentes entre sí y con la información adicional que teníamos del caso. Tras contrastar todos estos resultados, nos planteamos si la hipótesis de la que partíamos se cumple y si podemos contestar a la solicitud que se nos hacía con la información de que disponemos. Si es así, pasaremos a realizar el informe pericial y, si no, deberemos volver sobre el procedimiento que hemos seguido y replantear nuestra hipótesis. Como dice Vázquez Mezquita (2002), “es el momento de pedir consejo a otros profesionales, estudiar bibliografía sobre casos similares en la literatura, volver a entrevistar, replantearnos si hemos utilizado las técnicas adecuadas, etc,…”

     7. Redacción del informe pericial: es la meta a la que nos proponíamos llegar y mediante lo que daremos respuesta al requerimiento que se nos hizo en la primera fase. Con el informe pericial respondemos a la pregunta que se nos hace sobre el sujeto objeto de la evaluación pericial. Es un documento público que reúne una doble condición: documento científico y prueba pericial. En su redacción es esencial que se adapte, en el lenguaje, a los destinatarios a los que va dirigido, intentando no abusar de tecnicismos, siendo claros y concisos en nuestras exposiciones e intentando no dar lugar a la necesidad de preguntas aclaratorias. Debemos tratar de ser lo más objetivos posible, evitando hipótesis carentes de confirmación o que no tengan que ver con la pregunta que se nos hace, tratando los aspectos básicos del caso (metodología, procedimientos utilizados y conclusiones). Concretamente, el informe debe incluir: datos de identificación, relación de áreas evaluadas, instrumentos utilizados, fases y procedimiento, descripción detallada de los resultados, conclusiones de la evaluación, conclusión general en relación a los hechos y, por último, anexos (es recomendable aportar los protocolos de las pruebas donde aparecen las respuestas del sujeto evaluado).

     8. Ratificación en el juicio oral: se trata de la defensa del informe realizado en la sala de justicia, donde el perito puede ser preguntado por todos aquellos aspectos relacionados con su informe o, incluso, por aspectos no evaluados o resultados obtenidos por otros peritos. Según expone Buela-Casal (2010), se deben seguir las siguientes normas de actuación: adecuar la terminología al nivel de la audiencia, dirigirse a la persona o personas a las que se está asesorando, limitar las conclusiones al peritaje realizado, tratar de explicar las posibles diferencias con las conclusiones de otros peritajes y, por último, tener una actitud neutra en la presentación oral del peritaje, no implicándose emocionalmente en las preguntas o ante las críticas.

 

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