EL INFORME PERICIAL


   El informe pericial es un documento científico que debe ser útil, como vehículo de comunicación, para transmitir los resultados de la evaluación que hemos efectuado y las conclusiones y recomendaciones a las que llegamos, tras la solicitud que se nos hace sobre un caso concreto. En él debemos detallar todo el proceso que hemos seguido desde que nos marcamos los objetivos de la exploración, formulamos nuestras hipótesis determinando las áreas que queremos analizar, la metodología empleada en dicho análisis, los resultados que obtenemos y las conclusiones finales que justificaremos con todo lo anterior. Este informe es una prueba pericial, con lo que debe estar perfectamente fundamentado, sin divagaciones, justificándolo de manera sólida para que nuestras conclusiones y recomendaciones estén bien sustentadas y explicadas.
    Como documento científico, también debe ser replicable y contrastable, de ahí la importancia de comunicar la metodología utilizada, haciendo una descripción de los instrumentos y métodos (absteniéndonos de utilizar aquellos procedimientos que no estén suficiente contrastados dentro del conocimiento científico actual), así como de los resultados obtenidos, de tal manera, que otro psicólogo forense pudiera replicar nuestros resultados, si ese fuera el caso. En este sentido tenemos que tener en cuenta que la ley contempla el “principio de contradicción” (consiste en que una parte tenga la oportunidad de oponerse a un acto realizado a instancia de la contraparte y a fin de verificar su regularidad) y que por eso nuestro informe debe ser susceptible de que otro experto lo evalúe. Sobre lo anterior, Manzanero (1996) nos dice lo siguiente: “difícilmente se podrá contraperitar un informe si no está explícitamente recogido en el mismo los datos arrojados por la metodología aplicada y los criterios técnicos utilizados para llegar a las conclusiones expresadas”.
    A la hora de redactarlo, debemos tener en cuenta que va dirigido a personas legas en conocimientos sobre Psicología y, por ello, nuestro lenguaje debe ser sencillo, intentando evitar tecnicismos innecesarios y aclarando aquellos que ineludiblemente tengamos que utilizar para exponer nuestros conocimientos y nuestro trabajo. No quiere decir que nuestra forma de expresarnos tenga que ser vulgar, pues también debe quedar patente nuestra profesionalidad y nuestro manejo de los conceptos científicos, pero sí tenemos que procurar que, en su lectura, nuestro informe no cree dudas a quien lo lee, sino que sirva para lo que se realiza: esclarecer aspectos sobre los que el juez no tiene por qué tener conocimiento, puesto que no se trata de una disciplina que deba conocer.
    Algo que debe estar presente en la realización de nuestro informe, como a lo largo de todo nuestro trabajo, es la objetividad. Debemos ser imparciales y basar nuestros resultados en fundamentos objetivos. Aunque trabajemos para una de las partes, nuestro informe no se puede contaminar por la influencia de otras personas que, en algunos casos, quieren usar el informe psicológico como algo que les pueda favorecer en la causa, a pesar de que sus resultados objetivos no pueden ir en la dirección que ellos pretenden. Siempre hay que actuar con sinceridad cuando nuestro informe no puede concluir lo que el cliente quiere que se concluya y, si la realización del encargo no es viable en las condiciones que se pretenden, deberemos abstenernos de realizar un informe sesgado o manipulado, no sólo porque es un deber deontológico, sino porque la ley y la ética profesional también nos obliga.
En la práctica psicológica forense, podemos encontrarnos con tres tipos de informes:
     a) El informe pericial psicológico: es el informe más común, en el que recogemos nuestro procedimiento de evaluación y nuestras conclusiones sobre el objeto del informe, que viene determinado por el juez, abogado o cliente que nos lo solicita, desde un punto de vista forense.
     b) El informe clínico asistencial: en este caso, el psicólogo actúa como testigo tras haber atendido a su cliente desde el ámbito clínico. En él informaremos sobre el tratamiento que ha estado recibiendo el sujeto del informe y las causas por las que se llevó a cabo, es decir, el diagnóstico que en su momento se determinó para él. En este caso, ya existe una relación con el cliente anterior al proceso judicial, no se habla de ningún tipo de consideración forense, sino de la experiencia en la atención clínica al sujeto, centrándose principalmente en la psicopatología y el tratamiento consecuente.
     c) El contrainforme: basado en el principio de contradicción del que hablábamos antes. Su objetivo es desvelar inconsistencias teóricas, metodológicas o mala praxis por parte del perito informante. Deben ser informes basados en la crítica constructiva, sin consideraciones personales sobre su autor y con el respeto que debemos tener hacia otro colega. En él no podemos hablar tampoco sobre personas a las que no hemos podido evaluar directamente, solo nos centraremos en el análisis teórico-técnico del informe, revisando si son válidas las conclusiones a las que se llega sobre el objeto del informe o no lo son, en cuyo caso detallaremos y justificaremos por qué llegamos a esa afirmación.
    En cualquier caso, debemos tener en cuenta que el informe será el reflejo de nosotros mismos como profesionales, y es el testigo directo de nuestro buen o mal hacer. Dentro de una estructura, más o menos común, cada profesional tiene una manera personal y propia de reflejar su trabajo, por eso podemos encontrar distintas formas de presentación dependiendo de la persona que lo realiza.

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