OBCECACIÓN Y ARREBATO: ¿PODRIA HABER UN ATENUANTE DE RESPONSABILIDAD CRIMINAL EN EL CASO DEL CAZADOR QUE MATÓ A DOS AGENTES EN LLEIDA?

 

   A primera vista, no lo vamos a negar, leyendo el título de este artículo podríamos echarnos las manos a la cabeza mientras nos invade un inmenso sentimiento de indignación. Y es que, no nos puede entrar en la cabeza que un individuo que mata a tiros a dos agentes que le pidieron la documentación, pueda ser juzgado y condenado teniendo en cuenta que quizá no fue dueño de sus actos y no merezca la misma condena que cualquier otro homicida confeso (siendo el resultado de lo que hizo la muerte de dos personas). No estoy diciendo que sea este el camino que esté siguiendo el proceso por el que se juzgue a este hombre, solo quiero comentar el suceso y hacer una reflexión sobre el mismo, encajándolo en una realidad que está ahí: la de aquellas personas que en una determinada situación actúan dejándose llevar por “ese algo que les empuja” sin que sepan explicar por qué hicieron lo que hicieron, como sucede en este caso.

 

Citando como fuente al periódico El País, el suceso acontecido el pasado mes de enero de 2017, se cuenta de la siguiente manera:

 

Un cazador de 28 años ha matado este sábado a tiros a dos agentes rurales durante un control rutinario en un coto de caza de Aspa (Lleida). El hombre había salido a cazar tordos con un grupo de amigos cuando la pareja de agentes les ha sometido a una inspección. Se trataba de comprobar si tenían la documentación en orden y cumplían las normas de seguridad. El cazador no tenía en regla el permiso tipo E, necesario para la clase de arma (una escopeta larga) que estaba usando para cazar pájaros.

 

No se sabe qué ha ocurrido exactamente a continuación. El caso es que el cazador —español y vecino de Vacarisses (Barcelona)— ha disparado su escopeta contra el cuerpo de los agentes, de 43 y 39 años. Los ha matado en el acto. Poco después, ante la insistencia de sus compañeros de cacería, ha llamado él mismo al 112 y ha explicado los hechos. Los Mossos d’Esquadra han acudido a la zona, han constatado las muertes por arma de fuego y le han detenido.”

 

Al preguntar a este sujeto por qué mató a los dos agentes, su respuesta es simple: no lo sabe, no entiende qué pasó, simplemente lo hizo, cuando se dio cuenta ya había pasado. De hecho, cuando es consciente de lo que ha sucedido, él mismo da el aviso y se entrega. ¿Cómo nos explicamos esto? Efectivamente no hay un móvil, no tenía nada en contra de los dos agentes, lo único que hicieron para hacer saltar el resorte que causó que el sujeto les disparara a ambos fue pedir la documentación que, eso sí, no estaba en regla. Entonces, ¿qué pasó?, ¿el simple hecho de ver venir que te vas a llevar una sanción puede hacer que mates a dos personas?

 

Ante esto, las hipótesis que nos podemos plantear son, p.e.: que el sujeto padezca alguna patología psicológica, que estuviese bajo los efectos de alguna sustancia, que padeciese algún trastorno de control de impulsos, que se viese bajo los efectos de algún trastorno mental transitorio, que padeciese alguna alteración de la percepción de la realidad, miedo insuperable o tuviese un arrebato u obcecación.

 

Por desgracia, no poseo los datos suficientes para decantarme con rotundidad por ninguna de las opciones (que nunca se nos olvide diferenciar una opinión, del resultado de una evaluación, que es la única manera de saber lo que le sucedió a este sujeto). Pero, como decía, mi única intención es comentar una realidad que se puede dar a la hora de decidir hasta qué punto una persona es imputable al juzgarlo por un delito cometido, o si puede haber algún tipo de atenuante, basándome en un suceso que todos hemos conocido.

 

No hay que preocuparse, y lo digo por la indignación que uno puede sentir al pensar que alguien que ha matado a otra persona, en este caso dos, se va a ir con una pena inferior porque dice que “no sabe qué paso”, “que no entiende lo que hizo” o “que no lo recuerda”. Demostrar la existencia de algún eximente o atenuante no es nada sencillo y es una raya en el agua. Aún así, dejando al margen las emociones, debemos entender que si una persona comete un delito por alguna de las causas que comentábamos como hipótesis, es necesario identificarlo y saber controlarlo, puesto que puede ser alguien que pueda reincidir a causa de su patología. No nos engañemos, aunque en un principio pueda parecer positivo para el delincuente conseguir que se le declare inimputable, en realidad, al final es mucho peor que cumplir tu condena y luego seguir con tu vida. La persona que ha delinquido a causa de un trastorno mental o porque, de alguna manera, tiene mermada su capacidad cognitiva y/o volitiva a la hora de hacerse cargo de sus actos, nunca dejará de estar vigilado y posiblemente vaya pasando de una institución a otra durante casi toda su vida. Quiero decir, que no es en absoluto un privilegio.

 

Centrándonos en este caso, parece claro que el “click” que hizo responder así a este cazador, fue el hecho de que dos agentes fueran a pillarle por no tener los papeles en regla. Esto le causó el estrés, miedo, desasosiego o la emoción negativa necesaria para actuar, posiblemente, bajo un arrebato u obcecación, que es una de las razones por las que podría darse un atenuante de responsabilidad criminal (vuelvo a insistir en que esto es solo una suposición que no está basada en ningún dato proveniente de la causa ni en ninguna evaluación psicológica forense que haya trascendido, simplemente hablamos de atenuantes a colación de un suceso acontecido).

 

Si nos decantamos por esta posibilidad, vamos a explicar que el arrebato y la obcecación, aparecen cuando se da una situación de alteración mental transitoria producida por causas exclusivamente psicológicas. En estos casos, el análisis psicológico forense tiene una alta dificultad porque entramos a valorar aspectos muy subjetivos cuando, además, el cuadro sindrómico ya ha desaparecido, con lo que el diagnóstico se apoya en declaraciones y determinados análisis conductuales sobre el sujeto. Es decir, que va a ser bastante difícil concluir que la capacidad cognitiva y volitiva del evaluado se encontraba mermada en ese momento. Por eso, las cuestiones periciales sobre las que nos podríamos pronunciar, como psicólogos forenses, tendrán que ver con una opinión pericial sobre la compatibilidad entre las causas de lo sucedido con alguna alteración mental, o sobre aspectos de la personalidad del sujeto que podrían facilitar o explicar el trastorno mental transitorio. Por otra parte, a cerca del estado mental del sujeto, tendríamos que realizar una descripción pericial del estado mental del evaluado en aquel momento y pronunciarnos sobre aquellas aclaraciones técnicas sobre el estado y grado de afectación de las funciones psíquicas que pueden darse en un momento así.

 

En un caso como este, señalaría un concepto extendido por Daniel Goleman que él llama “secuestro emocional”, dentro de su libro “Inteligencia Emocional”. El secuestro emocional es algo que podemos sufrir cualquiera de nosotros en situaciones, incluso a veces, de una importancia mínima (como un atasco, una discusión con un vecino, la cola del supermercado,...). Bajo esta situación, ciertas emociones nos invaden de tal forma que perdemos el control de nuestros actos o nuestras palabras, y acabamos haciendo o diciendo cosas que jamás pensamos que haríamos o diríamos. ¿Podría un mecanismo de este tipo hacer que una persona acabe matando a otra? ¿Sería este el caso del que estamos hablando? Con toda la humildad del mundo al decir esto, puesto que no puedo basarme más que en la imagen que tengo del sujeto intentando “explicarse sin encontrar explicación alguna”, parece que podría ser una hipótesis a tener en cuenta. Lo recuerdo intentando explicarse, sin mostrar una pizca de agresividad, con el aspecto y el comportamiento de una persona como cualquiera de nosotros, impresionado por lo que él mismo había hecho, sin encontrar palabras. Aún así, el resultado es de dos personas fallecidas mientras hacían su trabajo y dos familias destrozadas, y lo peor es que quepa la posibilidad que la causa sea tan trivial como parece.

 

Termino con un fragmento extraido del libro “Inteligencia Emocional” de Goleman, sobre el que cabría reflexionar a cerca de la importancia de educar y trabajar en el desarrollo de las personas, teniendo presente este tipo de inteligencia tan imprescindible para la correcta convivencia dentro de la sociedad: “A diario, los periódicos nos acosan con noticias que hablan del aumento de la inseguridad y de la degradación de la vida ciudadana, fruto de una irrupción descontrolada de los impulsos. Pero este tipo de noticias simplemente nos devuelve la imagen ampliada de la creciente pérdida de control sobre las emociones que tiene lugar en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Nadie permanece a salvo de esta manera errática de arrebatos y arrepentimientos que, de una manera u otra, acaba salpicando toda nuestra vida”.

 

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