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OBCECACIÓN Y ARREBATO: ¿PODRIA HABER UN ATENUANTE DE RESPONSABILIDAD CRIMINAL EN EL CASO DEL CAZADOR QUE MATÓ A DOS AGENTES EN LLEIDA?

 

   A primera vista, no lo vamos a negar, leyendo el título de este artículo podríamos echarnos las manos a la cabeza mientras nos invade un inmenso sentimiento de indignación. Y es que, no nos puede entrar en la cabeza que un individuo que mata a tiros a dos agentes que le pidieron la documentación, pueda ser juzgado y condenado teniendo en cuenta que quizá no fue dueño de sus actos y no merezca la misma condena que cualquier otro homicida confeso (siendo el resultado de lo que hizo la muerte de dos personas). No estoy diciendo que sea este el camino que esté siguiendo el proceso por el que se juzgue a este hombre, solo quiero comentar el suceso y hacer una reflexión sobre el mismo, encajándolo en una realidad que está ahí: la de aquellas personas que en una determinada situación actúan dejándose llevar por “ese algo que les empuja” sin que sepan explicar por qué hicieron lo que hicieron, como sucede en este caso.

 

Citando como fuente al periódico El País, el suceso acontecido el pasado mes de enero de 2017, se cuenta de la siguiente manera:

 

Un cazador de 28 años ha matado este sábado a tiros a dos agentes rurales durante un control rutinario en un coto de caza de Aspa (Lleida). El hombre había salido a cazar tordos con un grupo de amigos cuando la pareja de agentes les ha sometido a una inspección. Se trataba de comprobar si tenían la documentación en orden y cumplían las normas de seguridad. El cazador no tenía en regla el permiso tipo E, necesario para la clase de arma (una escopeta larga) que estaba usando para cazar pájaros.

 

No se sabe qué ha ocurrido exactamente a continuación. El caso es que el cazador —español y vecino de Vacarisses (Barcelona)— ha disparado su escopeta contra el cuerpo de los agentes, de 43 y 39 años. Los ha matado en el acto. Poco después, ante la insistencia de sus compañeros de cacería, ha llamado él mismo al 112 y ha explicado los hechos. Los Mossos d’Esquadra han acudido a la zona, han constatado las muertes por arma de fuego y le han detenido.”

 

Al preguntar a este sujeto por qué mató a los dos agentes, su respuesta es simple: no lo sabe, no entiende qué pasó, simplemente lo hizo, cuando se dio cuenta ya había pasado. De hecho, cuando es consciente de lo que ha sucedido, él mismo da el aviso y se entrega. ¿Cómo nos explicamos esto? Efectivamente no hay un móvil, no tenía nada en contra de los dos agentes, lo único que hicieron para hacer saltar el resorte que causó que el sujeto les disparara a ambos fue pedir la documentación que, eso sí, no estaba en regla. Entonces, ¿qué pasó?, ¿el simple hecho de ver venir que te vas a llevar una sanción puede hacer que mates a dos personas?

 

Ante esto, las hipótesis que nos podemos plantear son, p.e.: que el sujeto padezca alguna patología psicológica, que estuviese bajo los efectos de alguna sustancia, que padeciese algún trastorno de control de impulsos, que se viese bajo los efectos de algún trastorno mental transitorio, que padeciese alguna alteración de la percepción de la realidad, miedo insuperable o tuviese un arrebato u obcecación.

 

Por desgracia, no poseo los datos suficientes para decantarme con rotundidad por ninguna de las opciones (que nunca se nos olvide diferenciar una opinión, del resultado de una evaluación, que es la única manera de saber lo que le sucedió a este sujeto). Pero, como decía, mi única intención es comentar una realidad que se puede dar a la hora de decidir hasta qué punto una persona es imputable al juzgarlo por un delito cometido, o si puede haber algún tipo de atenuante, basándome en un suceso que todos hemos conocido.

 

No hay que preocuparse, y lo digo por la indignación que uno puede sentir al pensar que alguien que ha matado a otra persona, en este caso dos, se va a ir con una pena inferior porque dice que “no sabe qué paso”, “que no entiende lo que hizo” o “que no lo recuerda”. Demostrar la existencia de algún eximente o atenuante no es nada sencillo y es una raya en el agua. Aún así, dejando al margen las emociones, debemos entender que si una persona comete un delito por alguna de las causas que comentábamos como hipótesis, es necesario identificarlo y saber controlarlo, puesto que puede ser alguien que pueda reincidir a causa de su patología. No nos engañemos, aunque en un principio pueda parecer positivo para el delincuente conseguir que se le declare inimputable, en realidad, al final es mucho peor que cumplir tu condena y luego seguir con tu vida. La persona que ha delinquido a causa de un trastorno mental o porque, de alguna manera, tiene mermada su capacidad cognitiva y/o volitiva a la hora de hacerse cargo de sus actos, nunca dejará de estar vigilado y posiblemente vaya pasando de una institución a otra durante casi toda su vida. Quiero decir, que no es en absoluto un privilegio.

 

Centrándonos en este caso, parece claro que el “click” que hizo responder así a este cazador, fue el hecho de que dos agentes fueran a pillarle por no tener los papeles en regla. Esto le causó el estrés, miedo, desasosiego o la emoción negativa necesaria para actuar, posiblemente, bajo un arrebato u obcecación, que es una de las razones por las que podría darse un atenuante de responsabilidad criminal (vuelvo a insistir en que esto es solo una suposición que no está basada en ningún dato proveniente de la causa ni en ninguna evaluación psicológica forense que haya trascendido, simplemente hablamos de atenuantes a colación de un suceso acontecido).

 

Si nos decantamos por esta posibilidad, vamos a explicar que el arrebato y la obcecación, aparecen cuando se da una situación de alteración mental transitoria producida por causas exclusivamente psicológicas. En estos casos, el análisis psicológico forense tiene una alta dificultad porque entramos a valorar aspectos muy subjetivos cuando, además, el cuadro sindrómico ya ha desaparecido, con lo que el diagnóstico se apoya en declaraciones y determinados análisis conductuales sobre el sujeto. Es decir, que va a ser bastante difícil concluir que la capacidad cognitiva y volitiva del evaluado se encontraba mermada en ese momento. Por eso, las cuestiones periciales sobre las que nos podríamos pronunciar, como psicólogos forenses, tendrán que ver con una opinión pericial sobre la compatibilidad entre las causas de lo sucedido con alguna alteración mental, o sobre aspectos de la personalidad del sujeto que podrían facilitar o explicar el trastorno mental transitorio. Por otra parte, a cerca del estado mental del sujeto, tendríamos que realizar una descripción pericial del estado mental del evaluado en aquel momento y pronunciarnos sobre aquellas aclaraciones técnicas sobre el estado y grado de afectación de las funciones psíquicas que pueden darse en un momento así.

 

En un caso como este, señalaría un concepto extendido por Daniel Goleman que él llama “secuestro emocional”, dentro de su libro “Inteligencia Emocional”. El secuestro emocional es algo que podemos sufrir cualquiera de nosotros en situaciones, incluso a veces, de una importancia mínima (como un atasco, una discusión con un vecino, la cola del supermercado,...). Bajo esta situación, ciertas emociones nos invaden de tal forma que perdemos el control de nuestros actos o nuestras palabras, y acabamos haciendo o diciendo cosas que jamás pensamos que haríamos o diríamos. ¿Podría un mecanismo de este tipo hacer que una persona acabe matando a otra? ¿Sería este el caso del que estamos hablando? Con toda la humildad del mundo al decir esto, puesto que no puedo basarme más que en la imagen que tengo del sujeto intentando “explicarse sin encontrar explicación alguna”, parece que podría ser una hipótesis a tener en cuenta. Lo recuerdo intentando explicarse, sin mostrar una pizca de agresividad, con el aspecto y el comportamiento de una persona como cualquiera de nosotros, impresionado por lo que él mismo había hecho, sin encontrar palabras. Aún así, el resultado es de dos personas fallecidas mientras hacían su trabajo y dos familias destrozadas, y lo peor es que quepa la posibilidad que la causa sea tan trivial como parece.

 

Termino con un fragmento extraido del libro “Inteligencia Emocional” de Goleman, sobre el que cabría reflexionar a cerca de la importancia de educar y trabajar en el desarrollo de las personas, teniendo presente este tipo de inteligencia tan imprescindible para la correcta convivencia dentro de la sociedad: “A diario, los periódicos nos acosan con noticias que hablan del aumento de la inseguridad y de la degradación de la vida ciudadana, fruto de una irrupción descontrolada de los impulsos. Pero este tipo de noticias simplemente nos devuelve la imagen ampliada de la creciente pérdida de control sobre las emociones que tiene lugar en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Nadie permanece a salvo de esta manera errática de arrebatos y arrepentimientos que, de una manera u otra, acaba salpicando toda nuestra vida”.

 

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LA e-REVOLUCIÓN: EMPRESAS 2.0


   En consonancia a los sucesos a los que estamos asistiendo en los últimos años, nos encontramos en la disposición de afirmar que vivimos en tiempos de una nueva revolución en el ámbito empresarial y a la que, dada su naturaleza, podríamos bautizar como la e-Revolución empresarial.  

   Es posible que no estemos exagerando en absoluto si la comparamos con los tiempos de la Revolución Industrial y, si bien en aquel momento los cambios vinieron con la introducción de las máquinas o el uso innovador de la cadena de montaje, en esta ocasión la base del cambio de concepción que se está dando en el mundo de la empresa está en el uso de Internet y la inmersión, cada vez más imprescindible, en las redes sociales y las tecnologías de la información. Está clara la tendencia hacia la empresa conectada en red que está revolucionando la gestión del conocimiento y el funcionamiento de las organizaciones.

   Pero, ¿cómo definiríamos a la empresa 2.0? Andrew McAfee, de la Universidad de Harvard, la describe como aquella empresa que utiliza plataformas de software social emergente dentro de la misma, o entre empresas, sus socios y clientes. Esto implica que las personas buscan y encuentran lo que necesitan para su actividad laboral navegando por los contenidos de sus Intranets corporativas, que todo el mundo puede producir y generar sus contenidos, de tal forma que cada cual es capaz de mostrar lo que sabe y de generar tráfico en torno a sus contenidos, siempre que sean útiles para los demás. Por otra parte, las redes son la forma en que se organiza el conocimiento y esto nos ayuda a tener disponible aquella información que nos interesa por medio de etiquetas o de recomendaciones de contenido.

   La aparición de la empresa 2.0 está basada, sin duda, en la utilización de las herramientas de la Web 2.0. McKinsey, en un estudio centrado en este hecho, revela que más de dos tercios de los encuestados reconocieron utilizar las herramientas de las redes sociales en sus empresas. Entre los principales beneficios, citaron el aumento de la velocidad para acceder al conocimiento, un marketing más efectivo, menores costes a la hora de hacer negocios e ingresos más elevados. Si esto es así y, de hecho, la e-Revolución está ocurriendo, los directivos deben reformular con urgencia cómo estructuran, organizan y gestionan sus empresas, ya que su éxito a la hora de hacer esto determinará la capacidad de competencia de su organización dentro de su entorno de acción. Es una realidad que la adopción generalizada de las herramientas de las redes sociales tiene el potencial de dar lugar a una enorme transformación en el modo en el que las empresas operan, que dé como resultado una extensa gama de beneficios, una mejora del conocimiento colectivo y una mayor innovación.

   Podemos observar cuatro modos en que las herramientas de la Web 2.0 están transformando las organizaciones:

     1. Mayor colaboración: citando de nuevo a McKinsey, en su estudio halló que cuando las empresas incorporan las redes sociales a la organización, la información se comparte con mayor facilidad y de un modo menos jerárquico, la colaboración entre los departamentos es más habitual y las tareas se suelen abordar a modo de proyectos. Por tanto, uno de los principales beneficios de la estructura en red es que incrementa el intercambio de información dentro de los diferentes departamentos y divisiones y entre ellos. Al integrar la Web 2.0 en las actividades diarias, una empresa puede derribar ciertas barreras organizacionales (que se suelen dar en el modelo tradicional) que impiden el flujo de información de modo correcto.

    2. Una democracia de talentos: la Web 2.0 construye plataformas abiertas en las que, en teoría, todo el mundo es igual, y los empleados tienen mayores probabilidades de compartir abiertamente las ideas y la información exclusivamente en beneficio del conjunto de la organización. Las herramientas de las redes sociales tienen el potencial de abrir el proceso más allá de los amigos y favoritos que habitualmente son invitados a las reuniones a puerta cerrada, de tal manera que la persona que tiene la mejor idea puede resultar ser un empleado de bajo nivel que trabaja en las entrañas de la empresa o incluso un cliente situado fuera de los muros corporativos. Mark Benioff, consejero delegado de Salesforce.com, afirmó que “las personas que añaden valor a la empresa no son los vicepresidentes senior y el vicepresidente, sino esa poderosa red de colaboradores individuales”.

    3. Una cultura de confianza: los trabajadores de todos los niveles de la organización tienen mucho más que decir sobre la gestión diaria de la empresa, al tiempo que disfrutan de los beneficios de una cultura de transparencia. Esto genera fuertes sentimientos de lealtad y confianza entre los empleados y dará lugar a grandes beneficios provenientes de una fuerza de trabajo altamente conectada y motivada en un momento en el que la confianza en las empresas está en los valores más bajos de la historia. Lamentablemente, muchas empresas aún parecen tener un temor instintivo a las redes sociales en el lugar de trabajo, incluso algunos empleados son despedidos cuando se les sorprende conectados a sitios de redes sociales en el trabajo. La realidad es que las empresas que se niegan a utilizar las redes sociales corren el riesgo de perder una importante ventaja competitiva a largo plazo.

    4. Potencial aumento de la productividad: aunque muchas empresas consideran las redes sociales como una pérdida de tiempo, la realidad es que las herramientas como los blogs, las wikis y los RSS feeds, ofrecen el potencial de incrementar significativamente la productividad. En este sentido, los estudios de Mind-Lab y la Universidad de Melbourne, demostraron que la productividad aumenta un 9% entre los empleados que pueden acceder a Internet por diversión durante el trabajo. Irónicamente, los directivos que consideran MySpace, Twitter o Facebook como una pérdida de tiempo suelen ser las mismas personas que pierden un tiempo valioso con inútiles reuniones. Por otro lado, un reciente estudio halló que el 76% de los entrevistados en el mismo, visitaba Facebook, LinkedIn y Twitter al menos una vez al día, y que gran parte de esa actividad en las redes sociales se centraba en el trabajo, ya que parece que muchos empleados utilizan sus redes sociales para hablar de sus empresas, lo que aumenta el reconocimiento de marca y respalda los objetivos organizacionales, desde la contratación hasta las ventas. También se observó que el ritmo de colaboración aumentó y que esos individuos tenían acceso al liderazgo intelectual y a información no disponible a nivel interno de la empresa.

   La consecuencia de todo esto es que gracias al software web 2.0 las empresas pueden, en la actualidad, crear una cultura de colaboración horizontal y aprovechar el poder de la inteligencia colectiva para impulsar la productividad, fomentar la innovación y crear mayor valor. No obstante, como ocurre con todas las revoluciones, la resistencia al cambio está presente en muchas de las organizaciones actuales que, tarde o temprano, si quieren seguir siendo competitivas tendrán que adoptar este nuevo sistema de organización y trabajo en la empresa.

(Fuente: Harvard Deusto Business Review)

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DEMENCIA VASCULAR


   ¿EN QUÉ CONSISTE LA DEMENCIA VASCULAR?

    Cuando hablamos de demencia, es importante diferenciar los tipos que hay según su etiología, es decir, en base a cuál es su origen o qué la ha causado. Primero, para poder realizar un diagnóstico diferencial que nos llevará a un determinado tratamiento, y segundo, porque nos ayudará a poner los medios adecuados en los casos en los que se pueda prevenir el avance de la enfermedad (detectándolo a tiempo, incluso evitar la aparición de demencia o, al menos, la prevención de una afectación grave). En el caso de la enfermedad de Alzheimer los investigadores siguen haciendo esfuerzos por encontrar la manera de prevenir y controlar su aparición y curso, con lo que, por ahora, en este caso lo tenemos algo más difícil. Pero en el caso de la demencia vascular las cosas son diferentes, porque al estar su causa en problemas respecto a la circulación sanguínea, podría modificarse la aparición o el curso de la enfermedad controlando los factores de riesgo vasculares que están en su origen y desarrollo. De hecho, podemos encontrar personas que presentan un deterioro cognitivo vascular sin demencia, en los que podremos prevenir esta última interviniendo sobre los problemas de tipo cardiovascular que presente el paciente y tratarlos de forma adecuada para evitar la progresión de la enfermedad.
    Recordemos que hablamos de demencia cuando existe un deterioro de la memoria acompañado de las siguientes complicaciones, o algunas de ellas: afasia, apraxia, agnosia o alteración de la capacidad constructiva. Todo ello desembocará en una repercusión significativa en las áreas social y laboral de la persona.
    La demencia vascular (DV) es la segunda causa más frecuente de demencia en los mayores tras la enfermedad de Alzheimer y representa entre el 10% y el 20% de los casos de demencia. Para definirla hablaremos de un deterioro cognitivo secundario a lesiones cerebrales causadas por una enfermedad cerebrovascular, teniendo en cuenta que puede ser originada por lesiones no sólo isquémicas, sino también hemorrágicas, y que no solo se debe a infartos cerebrales múltiples, ya que también puede ser secundaria a lesiones isquémicas únicas estratégicamente situadas o a la lesión difusa de la sustancia blanca de nuestro cerebro. Es decir, la DV ocurre cuando el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro se interrumpe debido a causas como una patología cerebral oclusiva, trombosis o embolias, hemorragias o lesiones cerebrales hipóxicoisquémicas tras una parada cardíaca o hipotensión grave.
    Como podemos ver, la principal causa de la DV descansa sobre complicaciones hemodinámicas que desembocan en la afectación de las células de nuestro cerebro, pudiendo diferenciarse una serie de condiciones que estarán detrás del daño en nuestro sistema vascular, y que pueden causarlo o incrementarlo. Entre ellas: la edad, la hipertensión arterial, la enfermedad cardíaca, un Ictus previo, tener el colesterol elevado, padecer diabetes y el tabaquismo. Todos ellos son factores de riesgo vascular, que controlados y tratados precozmente, serán la clave para la mejora en la previsión de las consecuencias al sufrir DV, así como el control de la enfermedad en su curso.
¿Cuáles son las característica y síntomas de las demencia vascular? Podemos destacar los siguientes:
  • Inicio agudo o subagudo.
  • Evolución fluctuante o escalonada, aunque puede ser lentamente progresiva.
  • Presencia de factores de riesgo cardiovascular (hipertensión arterial, cardiopatía, diabetes mellitus).
  • Evidencia de enfermedad cerebrovascular relevante, relacionada etiológicamente con la demencia.
  • Signos y síntomas focales: desviación de la comisura bucal, hemianopsia (falta de visión o ceguera que afecta únicamente a la mitad del campo visual), disartria (dificultad para articular sonidos y palabras), hemiparesia (disminución de la fuerza motora o parálisis parcial que afecta un brazo y una pierna del mismo lado del cuerpo), hiperreflexia (exaltación o aumento de los reflejos), reflejo cutáneo plantar en extensión y déficit sensorial.
  • Trastorno de la marcha.
  • Parálisis pseudobulbar que producirá la disartria, disfagia y labilidad emocional.
  • Problemas de memoria y de concentración.
  • Depresión asociada a la demencia.
  • Episodios de confusión aguda.
  • Otros síntomas que pueden aparecer son: alucinaciones, delirios, irritabilidad con agresión física y/o verbal, inquietud e incontinencia urinaria.

   El diagnóstico de enfermedad vascular se basa en la historia clínica (múltiples ataques isquémicos transitorios, inicio de la demencia en los tres meses siguientes a un accidente vascular cerebral), técnicas de laboratorio y técnicas de neuroimagen (tomografía axial computerizada o TAC, y resonancia magnética o RM).

 

    Es muy frecuente encontrar en las pruebas lesiones vasculares “silenciosas” que se expresan con algún déficit cognitivo, depresión o cambios de comportamiento, síntomas que por sí solos no tienen por qué hacernos pensar en una DV. En todo caso, si en el TAC o la RM no aparecen lesiones vasculares se descarta el diagnóstico de demencia vascular.
    Detengámonos ahora en la clasificación de la DV. De todas ellas, una de las que parece más útil, es la clasificación NINDS/AIREN que, atendiendo al tipo de lesión, establece 6 tipos:
  1. Demencia multiinfarto: se trata de infartos cerebrales múltiples cuya localización puede ser cortical, subcortical o mixta y corresponden a territorios irrigados por las grandes arterias cerebrales. La presentación clínica de la demencia multiinfarto depende de la localización y número de infartos, dándose un déficit cognitivo propio de dicha localización, la aparición de cuadros confusionales, parálisis pseudobulbar y alteraciones de la marcha. La parálisis pseudobulbar dará lugar a pérdida de destreza en la motilidad voluntaria fina, pérdida de fuerza muscular, espasticidad, reflejos patológicos y labilidad emocional.
  2. Demencia por infarto único en área estratégica: en este caso, el deterioro cognitivo es secundario a lesiones isquémicas en zonas bien circunscritas y funcionalmente relevantes, produciéndose una falta de riego sanguíneo por encima del tiempo necesario para que las áreas afectadas reciban los nutrientes y el oxígeno necesarios para no quedar dañadas.
  3. Demencia por enfermedad de pequeño vaso: es una de las etiologías más frecuentes de la demencia vascular y afecta fundamentalmente a las arterias perforantes de las arterias cerebrales. Puede ser de localización cortical o subcortical. Este tipo de lesiones incluye, entre otros, los infartos lacunares y las lesiones difusas de la sustancia blanca del anciano. Ya hemos dicho que la causa principal de la DV es la disminución del flujo cerebral por debajo de los límites requeridos para el correcto funcionamiento. El envejecimiento conlleva la pérdida de la autorregulación del flujo vascular cerebral, debido a las alteraciones morfológicas de los vasos, a la disminución de la producción de óxido nitroso por parte del endotelio y al efecto de los factores de riesgo vascular como la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto y la hiperhomocisteinemia (nivel elevado de homocisteina en el plasma sanguíneo, lo que guarda estrecha relación con arteriosclerosis prematura, trombosis y, recientemente descubierto, con la posibilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer). El elemento común en los pacientes ancianos parece ser una pérdida en la capacidad de autorregulación del flujo sanguíneo cerebral, con lo que no se puede mantener estable la perfusión cerebral, produciendo vasodilatación en presencia de hipotensión arterial y vasoconstricción en respuesta a la hipertensión. En el anciano y en los pacientes hipertensos crónicos se pierden estos mecanismos o se aumenta su umbral de respuesta, lo que hará que se vea afectado el aporte de oxígeno y nutrientes necesarios en determinadas zonas cerebrales y produciéndose los infartos lacunares. Estos infartos lacunares, en su mayoría, son silenciosos y se manifiestan a lo sumo por una sensación pasajera de mareo o un ligero trastorno sensitivo o motor debido a un ataque de isquemia transitoria. La lesión de pequeños vasos cerebrales parece tener mayor importancia en la génesis de la demencia vascular que las lesiones isquémicas resultantes de la oclusión de grandes vasos sanguíneos.
  4. Demencia por hipoperfusión: su causa puede ser la isquemia cerebral global durante una parada cardíaca o hipotensión extrema. También puede ser causada por infartos hemodinámicos en territorios frontera del cerebro. En cualquier caso, vuelve a darse la hipoxia causante de la muerte de tejido cerebral.
  5. Demencia hemorrágica: producidas por una hemorragia intracraneal, son causantes de lesiones residuales en el cerebro, produciendo síntomas que dependerán de la localización del hematoma.
  6. Demencia por otros mecanismos vasculares: se trata de diversas combinaciones de las lesiones cerebrovasculares descritas anteriormente.
    Por último comentar la pregunta que nos hacemos todos: ¿tienen ciertas personas mayor predisposición para tener demencia vascular? Pues es cierto que existen ciertos factores que pueden incrementar el riesgo de desarrollarla, entre ellos:
  • Historia médica de Ictus, presión arterial alta, niveles de colesterol altos, diabetes mellitus (sobre todo tipo 2), enfermedad cardíaca y apnea del sueño.
  • Vida sedentaria, hábito alcohólico, fumar, comer una dieta con demasiadas grasas o no tratar la tensión arterial alta o la diabetes.
  • Historia familiar de infarto o demencia vascular.
    Lo que está claro es que para prevenir, debemos actuar sobre aquellos en los que tengamos capacidad de hacerlo y para ello, en cada caso, debemos tratar la hipertensión, diabetes, colesterol alto y los problemas cardíacos, prevenir nuevos Ictus con anticoagulantes o antiagregantes que nos prescriba el médico, adoptar un estilo de vida más sano (dejar de fumar, hacer ejercicio y tener una dieta equilibrada). En el caso de ya padecerla, junto a todo esto, recibir soporte rehabilitador como fisioterapia, terapia ocupacional y del lenguaje, y obtener así las máximas posibilidades de mantener las funciones afectadas cuando aparecen estos trastornos que causan la CV.
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LA ÉTICA EN EL CUIDADO DE MAYORES


   Es un hecho, además numerosas veces comentado, que la población envejece año tras año. La esperanza de vida aumenta, dados los avances de la ciencia, y también es cierto que son menos los peques que traemos al mundo (tema que daría mucho que comentar, sobre todo en el sentido de si nos dejan o no tenerlos...). Lo cierto, es que el número de mayores aumenta y en todas las familias tenemos grandes adultos de los que cuidar como ellos en su momento hicieron con nosotros. Pero también es una realidad, que curiosamente vivimos en un momento en el que (como pasa con la capacidad para poder formar una familia) nos resulta más difícil atender como nos gustaría a nuestros padres, madres, abuelos y abuelas, tíos y tías que nos necesitan porque su avanzada edad, junto con determinadas enfermedades, ya no les permite hacerse cargo de sí mismos como en otros tiempos lo hicieron. De esta forma, tenemos dos sentimientos bastante negativos al rededor de esto, que fluyen sin control entre todos nosotros: la soledad (en los mayores) y la culpabilidad (en hijos, sobrinos y nietos). Afortunadamente, en el caso de la primera, no siempre se da y, desgraciadamente en el caso de la segunda, cada vez son más aquellos que sufren viendo cómo la vida nos exige ocuparnos y ocuparnos de mil cosas que no nos dejan espacio para más.

   También es cierto que el modelo de familia ha cambiado tanto, que se ha tragado la tierra aquellos hogares en los que podíamos encontrar conviviendo tres, incluso cuatro, generaciones distintas. En ellas, los valores respecto a los que allí vivían eran extremadamente diferentes en cuanto a la posición que los abuelos ocupaban y el valor que se le daba al hecho de que tenían a sus espaldas años de experiencia que daban clases magistrales a los más jóvenes. La palabra anciano sonaba a respeto, admiración, sabiduría, protección, gratitud por lo entregado a la familia, cuidado. Pero todo esto está sobre un bache que, bueno, llamadme optimista, pero yo creo que podría estar empezando a pasar, y es así porque confío en que se le vuelva a dar a nuestros mayores el sitio que, no es que se merezcan, sino que les pertenece. Por cierto, recordad una cosa,....nosotros vamos después, ¿qué ejemplo vamos a dar?
   Esta situación hace que se vuelva necesario hablar de la ética en el cuidado de los mayores. En muchos casos, no podemos encargarnos de nuestro familiar como quisiéramos y acudimos a la institucionalización o al encargo de esta tarea a terceros que hacen de ello su profesión (otro tema importante...¿en manos de quién dejas a tu ser querido?¿te parece bien el precio?,...pues mira mejor su talante, su experiencia y su formación). Pero aún hay casos en los que un familiar cercano se dedica al “noble arte de cuidar”, y lo llamaré así porque verdaderamente puede ser una tarea de lo más gratificante, siempre y cuando no se produzca un abuso y una manera mal entendida de ver a este cuidador por parte del resto de la familia (ya hablaremos largo y tendido de esto tan importante). Son muchas las razones por las que esta tarea se convierte en algo tremendamente difícil en algunas ocasiones, y por eso está bien que hablemos de cómo hacerlo de manera adecuada. Quiero resaltar, con vehemencia, que aquí es muy importante entender también que hay que saber cuidar al cuidador, pero en esta ocasión nos referiremos a la persona que recibe los cuidados.
   Dado que la ética, simplificando, se ocupa del bien, este debe ser el factor que presida todas las acciones que conlleva el cuidado y acompañamiento de la persona con necesidades. Este bien no debe estar solo referido al saber hacer en los cuidados instrumentales (alimentación, aseo,...) sino también a los cuidados emocionales y relacionales, al trato, la comunicación, las miradas, el contacto físico cariñoso y protector,... Cuando tenemos en cuenta todo esto, empezamos a hablar, sin duda, de la calidad de vida de la persona mayor, y fijaros que bonito y qué importante: la calidad de vida que NOSOTROS le vamos a proporcionar.
   Antes de nada, aclararemos dos conceptos básicos:
     1.- La Ética: como decíamos se ocupa, ante todo, del tema del bien, es decir, qué es bueno hacer, quién es un buen cuidador. Se refiere a lo que los seres humanos hacemos o podemos hacer para vivir juntos humanamente.
     2.- La Deontología: se ocupa de los deberes y obligaciones en una profesión, en nuestro caso nos podemos referir a las profesiones de ayuda. Los principios son las normas básicas de actuación en la vida profesional. Por su parte, el término valores se usa para significar el marco de referencia ético para la conducta de los profesionales, y tales valores incluyen un compromiso con la dignidad de los individuos y el derecho al respeto, la privacidad y la confidencialidad, aunque estemos hablando de personas aquejadas de demencias (precisamente por eso, ¿verdad?).
   Los principios básicos de los que vamos a hablar son: el principio de beneficencia, el de autonomía y el de justicia. (Los recogeremos a continuación del texto de Rosario Paniagua en el que habla de la ética en el cuidado del mayor).
    -Principio de beneficencia: la palabra beneficencia se podría traducir como hacer el bien, actuar beneficiosamente. Busca obtener bienes para las personas para las que se actúa y es inherente a una actividad humanitaria de las características de las que estamos hablando a favor de las personas más vulnerables. Este principio puede ser considerado como la expresión de la finalidad que se busca: tratar de aliviar al mayor enfermo con toda solicitud y esmero. Es el principio que expresa la intención fundamental de todo acompañamiento en los cuidados. Para que una actuación beneficie y no perjudique, ha de ser útil para las personas a quienes se dirige, pero a la vez, ha de ser un servicio que contribuya a incrementar el bienestar general de la sociedad. La buena práctica contagia y ha de ejercer una pedagogía de bien. En el principio de no maleficencia la máxima es, ante todo, no hacer daño, tratar al otro con humanidad, con solicitud, no caer en la rutina y el tedio en una labor tan delicada como es el cuidado. Es abstenerse intencionadamente de realizar acciones que puedan causar daño o perjudicar a otros. Es un imperativo ético válido para todos en todos los sectores de la vida de las personas.
    -Principio de autonomía: articula los derechos de las personas para tomar decisiones. No se trabaja con sujetos pacientes limitados a aceptar las decisiones que otros adoptan, sino con sujetos agentes con derecho a ser informados y a que sus opiniones sean tenidas en cuenta a la hora de decidir cuestiones que les afectan particularmente. Una de las cosas que más lastima a los mayores es no ser tenidos en cuenta en asuntos que tienen que ver con su vida, con sus intereses cuando hay competencia para ello. Cuando este principio es respetado, se establece una sana relación entre el cuidador y el mayor, se seleccionan las estrategias conjuntamente y los interesados se implican en tomar el mejor camino. Hay personas mayores sumisas, acostumbradas a obedecer y a delegar, propensas a dejar la última palabra a los demás. Buscar la autonomía requiere trabajarla con los interesados y dotarlos de la suficiente capacidad de decisión sobre sí mismos y sobre sus propios intereses. Si no se conserva la autonomía y el autogobierno por la enfermedad, la familia será la que tome las decisiones autónomamente, con la información facilitada por los profesionales. La colaboración del mayor será posible siempre que este sea capaz y sus decisiones no supongan un daño personal a terceros o al conjunto de la comunidad de convivencia.
    -Principio de justicia: mediante este principio, la sociedad ha de distribuir de modo equitativo y racional los recursos sociales existentes sin discriminación por edad, estado de salud o grado de cognición. Se trata del reparto justo de los bienes según normas y criterios. Estos criterios de distribución han de respetarse, con independencia de circunstancias que lleven a la discriminación de las personas mayores. En la relación profesional no solo está el mayor dependiente precisando prestaciones sociales y el profesional demandando medios para ofrecer sus servicios, sino también los responsables públicos que representan al conjunto de la sociedad. Estos responsables deben procurar un equilibrio entre las necesidades, las exigencias y las expectativas de unos y de otros. Pero en el horizonte de todo ello, debe situarse el bien y la respuesta justa ante las necesidades que presenta un sector poblacional especialmente necesitado de coberturas sanitarias y sociales excepcionales. La finalidad del bien exige que la asignación de recursos se haga de forma equitativa entre todas las personas a quienes corresponda, sin dejar de tener la mirada puesta en la sociedad en su conjunto. La implicación de los interesados y/o familiares en la consecución de sus derechos, es siempre aconsejable, fomentando que se organicen y participen en el mundo asociativo, para tener un cauce de expresión colectiva y apoyo mutuo de las personas que están en situaciones semejantes (son notables las acciones de las Asociaciones de Parkinson, Alzheimer, y otras…). Se trata con todo ello de construir un espacio social:
      a) En donde quepan todos.
      b) En donde haya igualdad.
      c) En donde haya distribución justa de los recursos
      d) En donde haya un acceso generalizado a los bienes básicos.
      e) En donde disminuyan las diferencias.
   En realidad, todo nos lleva a un mismo sitio: la humanización. Este debe ser el elemento clave en cualquier acción que se lleve a cabo ante el cuidado de una persona mayor. De esta capacidad, entre otras, individual en el caso de cuidadores (familiares o profesionales) o colectiva en el aspecto más social, dependerá la calidad de vida de la persona atendida y una vivencia positiva de la prolongación de los años, que traerá la aparición de dificultades y de debilidades que juntos tendremos que afrontar.
   Finalmente me gustaría dejar un mensaje, que creo de suma importancia, en la mente de quien lea estas líneas: la familia es la base de la red de apoyo para la persona mayor. Es nuestra responsabilidad fomentar el respeto y la consideración al mayor desde edades muy tempranas en nuestros pequeños, sobre todo con el ejemplo y con la palabra.
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GUÍA PARA FAMILIARES DE ENFERMOS DE ALZHEIMER


   Son muchos los recursos que quisiera que tod@s pudieseis tener disponibles en este blog, por lo que continúo compartiendo. En este caso os dejo la "Guía para familiares de enfermos de Alzheimer" publicada por el Ayuntamiento de Madrid hace unos años. En su prólogo podemos encontrar lo siguiente, que deja clara la intención y el objetivo de dicha guía: "Es una satisfacción presentarles esta Guía para familiares de enfermos de Alzheimer, y lo es por un doble motivo:
Por un lado, porque estoy convencida de que constituye una valiosa herramienta para todas esas familias que, de manera anónima, llevan a cabo su tarea cuidadora día a día, con encomiable abnegación y dignidad. Y por otro, por la profesionalidad y la ilusión con la que el equipo de la Dirección General de Mayores ha trabajado en su elaboración.
He tenido ocasión de conocer de primera mano algunos testimonios de personas que cuidan durante meses, e incluso años, a familiares enfermos de Alzheimer. Ello me ha llevado a animar este trabajo en la confianza de que una publicación como la que les presentamos pueda apoyar eficazmente en la tarea cuidadora, al enfermo y al cuidador.
La familia que se enfrenta al Alzheimer cuando este se manifiesta en alguno de su seres queridos tiene ante sí una difícil tarea. Es importante querer cuidar, pero no lo es menos, saber hacerlo. Ambos elementos, el saber y el cariño puestos en el cuidado, hacen posible muchas veces que la persona mayor aquejada de esta enfermedad pueda permanecer en su propio hogar hasta sus últimos días.
De ello, entre otras cosas, trata la Guía que el Ayuntamiento de Madrid ha querido desarrollar pensando en los mayores y sus familias."

 

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GUÍA SOBRE LA ATENCIÓN INTEGRAL A LAS PERSONAS CON ENFERMEDAD DE ALZHEIMER Y OTRAS DEMENCIAS.


 

   Os dejo la "Guía de Práctica Clínica sobre la Atención Integral a las Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias" del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. En esta guía se dan recomendaciones sobre el cuidado de pacientes con enfermedad de Alzheimer y otras demencias, como por ejemplo la demencia vascular, demencia lobular frontotemporal asociada a la enfermedad de Parkinson, demencia con cuerpos de Lewy y degeneración.

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¿QUÉ SON LAS DEMENCIAS?


               

   Para poder entender y trabajar sobre este tema, está claro que debemos empezar por saber qué es una demencia, así como los tipos que podemos encontrar.

   En cuanto a una definición general de demencia, distinguiremos estas enfermedades de otras empezando por lo que más visibilidad tiene para todos nosotros: que suponen una afectación considerable en los ámbitos conductual, psicológico y social para la persona que las padece respecto al nivel previo de funcionamiento, lo que hace que se reduzca significativamente la autonomía personal del enfermo. Supone la pérdida progresiva de las funciones cognitivas debido a determinados daños cerebrales, que serán los causantes de la aparición de los SPCD, es decir, los síntomas psicológicos y conductuales de la demencia.
E   n la página de la OMS se define de la siguiente manera: “La demencia es un síndrome, generalmente de naturaleza crónica o progresiva, caracterizado por el deterioro de la función cognitiva (es decir, la capacidad para procesar el pensamiento) más allá de lo que podría considerarse una consecuencia del envejecimiento normal. La demencia afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio. La conciencia no se ve afectada. El deterioro de la función cognitiva suele ir acompañado, y en ocasiones es precedido, por el deterioro del control emocional, el comportamiento social o la motivación. Es causada por diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria, como la enfermedad de Alzheimer o los accidentes cerebrovasculares.”
   Pero la demencia no se da en todas las personas de la misma manera, todo dependerá de factores como la evolución de la propia enfermedad y el impacto que tiene y, muy importante, de la personalidad de quien la padece antes de que apareciera. Esto último influirá mucho en aspectos como el comportamiento, el pensamiento o la conducta del enfermo entre otras cosas. Para aclararlo, pondremos el siguiente ejemplo: alguien con un estilo agresivo a la hora de relacionarse con los demás a lo largo de su vida, muy probablemente presente un comportamiento de tipo muy agresivo incrementado por el padecimiento de la enfermedad. O también podemos ver cómo en personas que solían estar preocupadas por el dinero, a las que no les gustaba gastar y se preocupaban especialmente por ahorrarlo, al sufrir la demencia suelen ser personas que presentarán una obsesión con el dinero, lo guardarán con celo o aparecerán delirios del tipo “me lo están robando”, “se quieren quedar con mi dinero”,... Es decir, la personalidad y el comportamiento que ha venido presentando el sujeto a lo largo de su vida, en determinados aspectos, se verán incrementados o exagerados conforme la demencia va avanzando.
   En cuanto a los tipos de demencia podemos encontrar lo siguiente:
  • Enfermedad de Alzheimer (EA).
  • Demencia vascular (DV).
  • Demencia con Cuerpos de Lewy (DLB).
  • Degeneración lobular frontotemporal (DLFT).
   Cada una de ellas las desarrollaremos en posteriores ocasiones, puesto que en este post lo que pretendo es ofrecer una visión general respecto a qué son las demencias.
   Por otra parte, las manifestaciones clínicas de una demencia se presentarán como alteraciones cognitivas, síntomas psicológicos y conductuales de las demencias (SPCD) y otros síntomas propios de estos trastornos.
   Respecto a las manifestaciones cognitivas observamos que son amplias y heterogéneas, porque estas manifestaciones van en dependencia de numerosas y distintas causas según el caso: diferentes etiologías, diferentes cursos evolutivos, lesiones neurológicas distintas y otras características propias de la persona que la padece. Lo que primero nos suele llamar la atención, sobre todo a las personas que estamos alrededor del afectado, son los fallos de memoria. En este aspecto hay que ser prudentes, porque absolutamente todos nosotros tenemos estos fallos y tienen su función en cuanto a la propia optimización de nuestro funcionamiento cerebral diario. Con esto quiero decir que no veamos fantasmas por todos lados, que cada uno de nosotros tenemos lagunas de memoria y son algo natural. El problema es cuando vemos que se repiten con excesiva frecuencia y notamos que detrás de ellos existe cierta desorientación de la persona respecto a sucesos que han pasado, el lugar donde está o lugares a los que ir (orientación espacial), la orientación temporal o incluso personal respecto a sí mismo o respecto a sus familiares y conocidos.
   También observamos que la persona comienza a tener dificultades respecto a la planificación de sus tareas, la anticipación y el establecimiento de metas y, en general, un deterioro de las funciones ejecutivas y habilidades cognoscitivas de las que nos servimos para funcionar correctamente en nuestro día a día, donde incluimos aspectos como el inicio de nuestras actividades y operaciones mentales, la autorregulación y ejecución de las tareas, el diseño y la planificación de nuestro quehacer diario, la flexibilidad cognitiva, que nos ayuda a responder ante las situaciones que se nos presentan, así como la elección adecuada de los comportamientos y las conductas que exige cada una de esas situaciones. Las alteraciones de memoria pueden aparecer en cualquier momento en todos los tipos de demencia, pudiendo verse afectadas las regiones corticales o subcorticales del cerebro. Cuando son las regiones corticales las más afectadas solemos encontrar, combinadas de diferentes maneras, problemas de lenguaje (afasia), problemas en los movimientos voluntarios (apraxia), dificultad a la hora de nombrar cosas o personas (agnosia), olvidos (amnesia), así como los problemas en las funciones ejecutivas de las que hablamos más arriba. Cuando la afectación es más importante en las estructuras cerebrales subcorticales podemos observar lentitud en el procesamiento mental, dificultad para mantener la atención, problemas en la fluidez verbal, también a la hora de evocar recuerdos y, de nuevo, alteraciones en las funciones ejecutivas.
   En el caso de los SPCD, también encontramos una gran variabilidad y heterogeneidad en su modalidad de presentación. Esto es así, por la importante influencia de factores psicológicos y ambientales en la aparición y curso de la enfermedad y, de nuevo, por características propias de la persona afectada. Los cambios en el entorno de la persona pueden hacer que los SPCD se agraven, porque suelen ser muy vulnerables a ellos. Entre los principales síntomas psicológicos y conductuales de la demencia encontramos: alteración del pensamiento, ilusiones y alucinaciones, agresividad, depresión, ansiedad, euforia, apatía, desinhibición, irritabilidad, hiperactividad motora, vocalizaciones repetidas, alteración del sueño y aumento o disminución del apetito.
   En cuanto a otros síntomas, nos referimos a aquellos que aparecen por la asociación de la demencia con otras enfermedad comórbidas que pueden aparecer. Es el caso del Parkinson, signos de motoneurona (en algunos casos de DLFT), movimientos involuntarios (como en la EH), síndrome cerebeloso (ataxias espinocerebelosas), trastornos autonómicos (DLB, PDD) o liberación de los reflejos primitivos (EA).
En el curso evolutivo natural de las demencias, podemos ver cómo aparecen de modo insidioso y que posteriormente van evolucionando de manera progresiva. En fases iniciales y en la mayoría de los casos aparece una afectación de la memoria para hechos recientes, a la que se añaden posteriormente déficits en otras funciones cognitivas y un progresivo deterioro en las actividades avanzadas, instrumentales y finalmente básicas de la vida diaria, seguido de deterioro de funciones motoras, con aparición de trastorno de la marcha, hasta que finalmente suele darse la inmovilización del paciente y el fallecimiento por alguna complicación asociada.
   Para finalizar, me gustaría señalar que no todos los signos y síntomas que vemos en algunas personas van a ser el resultado del padecimiento de una demencia. Debemos ser cautos porque se están empezando a convertir en el cajón de sastre donde meter a todos aquellos y aquellas que empiezan a presentar determinados fallos cognitivos, psicológicos o conductuales. De hecho, en muchas ocasiones, las alteraciones que observamos pueden ser producto de otras enfermedades neurológicas, de algún trastorno psicológico (como puede ser la depresión) o simplemente el reflejo de factores propios de la edad.  Lo que hay que hacer es acudir al especialista adecuado para averiguar de qué son reflejo los síntomas que observamos y si verdaderamente son tan preocupantes como parecen sin caer en lo que se está empezando a dar con demasiada frecuencia: que personas que verdaderamente no tienen la preparación necesaria etiquetan a alguien dentro de un síndrome que no está padeciendo, con las consecuencias que traerá esta equivocada acción en su vida y sus relaciones personales.
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LISTADO DE RECURSOS SOBRE CUIDADORES Y ALZHEIMER


   Hola a todos, quiero compartir con vosotros una guía de recursos sobre el Alzheimer y los cuidadores editado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Me ha parecido bastante interesante y en ella podéis encontrar manuales y direcciones web llenos de mucha y muy buena información sobre este tema que trataremos profundamente en este blog. Saludos a tod@s!!!

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¿QUÉ ES EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO?


 

   ¿De qué manera quieres envejecer?,....¡¿Qué te parece la pregunta?!, ¿lo estás pensando?
   Yo sí lo pienso a menudo, imagino cómo podrá ser la vida cuando esté jubilada, cuando disminuyan el número de responsabilidades y tenga tiempo para mi, con libertad para elegir qué hacer con él. ¿Te das cuenta?, es todo lo que desearías tener ahora: tiempo, tranquilidad, libertad y todos los conocimientos que te han proporcionado las experiencias que has vivido a lo largo de los años. Entonces, vuelve a pensarlo,...¿cómo quieres envejecer?, ¿qué vas a hacer con tu vida?, ¿lo ves como una oportunidad para seguir desarrollándote, para ser feliz y vivir plenamente?, ¿o eres de los que siguen pensando que ser mayor es dedicarse a sentarse frente al televisor a esperar mientras la salud se va escapando?
   Ni qué decir tiene que, en ocasiones, nos puede sobrevenir una enfermedad que nos limite para hacer muchas cosas y, aún así, ¿qué harás?, ¿quedarte inmóvil esperando empeorar cada día?, ¿vivir en la queja, la tristeza y....¡LA DEPENDENCIA!?. Podrías decirme que la salud es algo que no se elige, que te puede tocar algo que te incapacite, y es verdad, no vivo en una nube. Pero, ¿de verdad no habrá nada, ¡nada!, que puedas hacer para tener una vida mejor, más plena, en la que sientas que cada día te levantas para hacer algo?
Hawking experimentando la ingravidez en la NASA.                                          
    Pondré el ejemplo del que todo el mundo habla, pero es que es sumamente representativo y aplastante para defender este argumento: ahí tienes al señor Stephen Hawking, un físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico brillante, de los más importantes de nuestro tiempo, que lleva postrado años en su silla de ruedas a causa de la ELA, diagnosticada cuando aún estaba en la Universidad de Oxford a sus 21 años. Pues en este estado, se ha casado dos veces y es padre de tres hijos y, por supuesto, su trabajo sobre la investigación del universo y de la física teórica demuestran que los impedimentos nos los ponemos nosotros antes que las propias enfermedades.
  A parte de todo esto, y pensando que no nos tiene por qué tocar una enfermedad invalidante,... ¿qué es envejecer activamente? Pues antes de nada te diré, que envejecer activamente es nuestro derecho y nuestro deber, porque tiene que ver con nuestra calidad de vida, nuestra autoestima y nuestra felicidad cuando llegamos a ese momento del desarrollo vital en el que comenzamos a encauzar la última etapa de nuestra vida. Yo desde luego, si llego, quiero saber manejar mi tiempo, mi libertad y todos los conocimientos que la vida me haya dado, para ponerlos al servicio de mi felicidad y de quienes tenga al lado. Si me toca alguna enfermedad que curse de tal manera que acabe por no ser consciente para poder elegir, mientras llega ese momento y, estando ya sobre aviso, intentaré seguir envejeciendo activamente mientras pueda, lo demás ya no estará en mi mano, claro, pero eso sí, lo que dependa de mi, se hará.
   Y dicho todo esto con la intención de despertar la motivación de quien me lea, debemos pasar a explicar en qué consiste el envejecimiento activo.
   Una de las definiciones que más me gusta es la siguiente: "el envejecimiento activo es el proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez." Destacaría de esta definición el verbo optimizar y las palabras bienestar, esperanza, saludable, productividad y calidad. Y es que envejecer es el proceso natural hacia el que todos vamos, así es que más nos vale saber aprovechar la oportunidad de mantenernos en un nivel de actividad que nos permita tener una vida satisfactoria, intentando entender que hacerse mayor no tiene por qué ser una complicación, sino una oportunidad para seguir desarrollándonos.
   El objetivo principal es darle a las personas mayores la posición que se merecen en nuestra sociedad y que participen plenamente en ella. Ellos son un tesoro que no sabemos valorar como se merecen, y su capacidad para aportar montones de cosas a los que venimos detrás es inmensa. Pero no solo la necesidad de que todos cambiemos nuestra forma de ver esto es suficiente, lo primordial es que todos tengamos la inquietud de no dejar de hacer cosas por el simple hecho de que los años se vayan acumulando, de hecho, cuantos más años, más experiencias y más cosas que aportar a los demás.
   Son muchas ya las personas que se ha apuntado a esta forma de seguir desarrollándose en la vida y de ahí que cada vez más sean las actividades diseñadas y dirigidas a las personas que quieren envejecer activamente. Nunca es demasiado temprano para empezar, porque envejecer activamente es una actitud en la vida, una mentalidad, es el hecho de tener claro que mientras estemos aquí necesitamos tener ocupaciones y metas, sentirnos útiles y trabajar, en la medida que cada uno podamos, sobre nuestro cuerpo y nuestra mente, buscando la mayor calidad posible en lo que a salud se refiere, tanto física como psicológica. Y es que todo forma parte de un todo, si no tienes salud física se trastoca la psicológica y, de la misma manera, si estamos psicológicamente mal se resentirá nuestro cuerpo, sin duda. ¡Pues trabajemos en ello!, otra cosa serán las exigencias que nos marque la vida y sobre las que no podamos tener control. No perdamos de vista que cumplir años con salud es acumular conocimientos, experiencias y valores que las nuevas generaciones pueden aprovechar.
    Y, ¿qué hace una persona que sabe envejecer activamente?, desde luego no estancarse, seguir acumulando conocimientos, seguir aprendiendo cosas nuevas, moverse, hacer ejercicio físico, participar activamente en su entorno social y familiar, cultivar las amistades, enseñar a otros lo que ellos saben, ayudar a otros más necesitados, participar en las actividades que se ofrecen en el barrio, en el pueblo, acudir a eventos, formar parte de alguna ONG y hacer voluntariado.....bla, bla, bla,...¡tantas cosas como se te ocurran y se adapten a tu situación! Si no puedes salir de casa Internet es una ventana abierta al mundo y los libros otra abierta al conocimiento, o las manualidades, escribir sobre las propias vivencias,...en definitiva, hacer cosas que nos hagan estar activos, sanos mentalmente, que alimenten nuestra autoestima, nuestra percepción positiva de nosotros mismos y, sobre todo, olvidarnos de la imagen trasnochada del anciano o la anciana sentados siempre en "su sitio" esperando a que alguien llegue a darle sentido a su día, porque créeme: la única persona que puede dar sentido a lo que pasa cada día de su vida es uno mismo, mediante lo que hace, lo que piensa y valorando lo que siente.
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LIBRO BLANCO DEL ENVEJECIMIENTO ACTIVO


 

  
    En este post os quiero dejar un enlace al "Libro Blanco sobre Envejecimiento Activo" publicado
por el IMSERSO (Instituto de Mayores y Servicios Sociales) desde el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. En él encontrarás todo lo relacionado sobre este tema tratado ampliamente y teniendo en cuenta las recomendaciones y conclusiones de los organismos internacionales que se ocupan de ello. Pincha en el enlace y lo tendrás a tu disposición: